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¿Cuántas piedras cargas?

El rencor es como una piedra en el bolso, lo hace pesado, dificulta nuestro andar y nos roba la alegría

 A veces, la vida toma un rumbo que no esperamos, nos coloca delante de obstáculos gigantescos que bloquean el camino. La situación se vuelve aún más difícil, cuando la oposición está representada por una persona o un grupo de ellas con el que hay que interactuar. Entonces, en un contexto adverso, los enfrentamientos se vuelven inevitables.  Según el carácter de cada quien los choques pueden ser escandalosos, definidos por la ira y los papeles volando, los arranques y las decisiones tomadas al fuego de la rabia. Desde luego, no recomiendo este tipo de dinámicas. Creo que siempre se pueden lograr acuerdos más diplomáticos y soluciones que nos lleven al ganar-ganar, pero no podemos negar que escenarios como el que describo son reales. Suceden en hogares, escuelas, centros de trabajo y demás.

La ira arde, quema mucho, pero después de un rato se apaga. El problema es que lastima, genera dolor en el otro, rompe relaciones, fractura la confianza y abre la puerta para que, en la casa del ofendido, entre el rencor. El sentimiento no responde al fuego del momento, sino a un memoria desagradable en la que nos sentimos humillados, maltratados o ignorados. Es conectar el sentimiento a una herida del pasado. Este sentimiento es como tomar una piedra y echarla en nuestro bolso. Esta primera piedra es el rencor que no se expresa como una pasión desbordante, es más bien discreta y calladita.

Una piedra, quizá no pese más de unos cuantos gramos, pero a lo largo del día se vuelve más pesada, ocasiona molestias. El asa del bolso se encarna en el hombro. Lo pasamos del lado izquierdo, al derecho y luego de vuelta otra vez al izquierdo. Pero su peso no cambia, porque la piedra sigue ahí. Eso, si es solo una. Porque por lo regular, escogemos varias. Con los años es posible que guardemos recuerdos amargos de conflictos con amigos, familiares, con el propio cónyuge. El rencor pesa más cuánto más cercana es la persona. Y entonces, poco a poco, vamos llenando nuestro bolso de piedras. El rencor hace más lento nuestro andar, hace que nuestros pensamientos se vuelvan negativos y se roba nuestra alegría.

Hace falta reconocer que hay sentimientos nocivos que contaminan nuestro ser y que fuera de eso son completamente inútiles, como una piedra en el bolso pero, sobre todo, hace falta darse una oportunidad de tomar una a una las piedras y soltarlas hasta vaciar por completo la bolsa. Solo así, seremos libres.

Twitter: @claravillarreal

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