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Los niños aprenden lo que ven

¿Podemos exigirles a nuestros hijos que no hagan aquello que nosotros hacemos? Si nosotros siendo adultos no hacemos ni el mínimo esfuerzo para cambiar, ¿Cómo van a hacerlo ellos?

El proceso de maduración de los niños comienza desde su nacimiento y tiene cómo base lo que cada día viven de la mano del comportamiento de los adultos que los rodean e influyen en su formación. Los patrones de conducta se aprenden por imitación, así cómo la afectividad. Es así cómo los padres somos el pilar básico de esa maduración, y tenemos la responsabilidad de establecer valores y crear mediante la convivencia esos patrones. Cierra tus ojos e imagina a tus hijos dentro de unos años cómo padres, ¿Qué te gustaría ver? ¿Es lo que ven ellos ahora en ti? Si gritas, ellos gritarán, si eres perezoso, ellos lo serán, si no eres cariñoso, ellos no lo serán, si no hablas, ellos no hablarán, si no les escuchas, ellos no escucharán a nadie. Recuerdo la ocasión en la que di un taller a niñas de 6 a 12 años, en el que la mayoría no pudo mencionar una cualidad física de sí mismas. No sabían hacerlo porque sus padres no lo hacen y sin duda no ven que ellos lo hagan con si mismos.

Las mamás somos las primeras en decir: que gorda estoy, que tonta, que fea me veo, parezco… Preguntémonos con urgencia ¿Cómo educo? Más bien… ¿Cómo soy conmigo misma? ¿Cómo estoy siendo con los demás? ¿Soy congruente, alegre, me enojo sin sentido, soy demasiado exigente o flexible de más, buena escucha, compasiva, poco observadora, desordenada, criticona, negativa o positiva? Queremos una mejor sociedad pero somos esos ciudadanos que nos metemos en la fila, tiramos la basura en la calle y no bajamos el vidrio en el semáforo cuando se nos acerque alguien a darnos un papel o pedirnos algo. Es una realidad que nuestros hijos aprenderán más de lo que nos ven hacer que de lo que les digamos que hagan. Los hijos aprenden lo que ven, lo que viven en el día a día, lo que ven en nosotros, sus padres. Las reacciones, las respuestas, las convicciones. Ellos responden por carácter, personalidad y por la cultura aprendida.

Cómo padres, enseñamos a nuestros hijos a que sean lo que somos nosotros en este momento. Solemos olvidar que nuestros hijos se ven y se miran a través de nosotros, que aspiran ser quién somos y al fin se convierten en nosotros, en lo bueno y en lo malo. Su sentido más grande de pertenencia es su hogar, dónde en él se reconoce o no amado y aceptado y esta es la pauta que marca la felicidad de nuestros hijos. ¿Porqué somos espejo en nuestros hijos? Porque ellos heredaron todo de su madre y de su padre. Genético, emocional, físico e intelectual. En la vida diaria nosotros nos vemos en ellos, nos vemos reflejados en cosas que nos gustan y nos disgustan, de nosotros o del padre de nuestros hijos. Nosotros nos proyectamos de forma inconsciente en nuestros hijos a través de mecanismos de defensa, negaciones y reacciones. Nuestra comunicación verbal es sólo el 20% de lo que les comunicamos a nuestros hijos, mientras que la comunicación no verbal (tonos, gestos, posturas, movimientos, miradas) expresan el 80%, así que la mayoría del tiempo comunicamos de forma inconsciente. Resuena en ti el… “Educo lo mejor que puedo”; “Me considero un buen educador”; “Les doy todo lo que puedo”; “No les falta nada”; “Todo lo hago por su bien”; “Me desvivo por ellos”… Estas son algunas creencias que tenemos y que nos ratifican que educamos y formamos lo mejor que podemos con los recursos que tenemos cómo padres. Pero a veces justificamos nuestras acciones y dejamos de examinarnos en lo bueno, en lo malo y de tomar acciones conscientes para generar cambios positivos en nosotros y en nuestra dinámica de familia. Examínate qué puedes hacer por ti y qué cosas deseas cambiar para sentirte mejor contigo mismo.

Comienza adoptando conductas, transformándote siendo más compasivo, amoroso, agradecido contigo para poder serlo con tus hijos y con tu familia. El quererte, amarte, entenderte y aceptarte no sólo es un regalo para ti, sino para toda tu familia. Lo que tu hagas por ti, les enseñarás a ellos a hacerlo por si mismos. Los padres que proveen a sus hijos con plenitud de amor, tiempo, entendimiento y aceptación, ayudan a crear un buen ambiente para la comunicación. Los hijos que se sienten amados y aceptados por sus padres son mas capaces de compartir sus sentimientos, pensamientos, situaciones y preocupaciones con ellos. La realización y el crecimiento personal se da cuándo hacemos una auto-reflexión constante de nuestras acciones, actitudes y respuesta e iniciamos con pequeños cambios. A medida que te mires, mirarás a tus seres queridos y les enseñarás a mirarse.

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