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¿Aceptaría un millón de dólares por lo que tiene?

“Aprecia lo que tienes, antes de que se convierta en lo que tuviste.” MG

 

Hay dos formas de vivir la vida, lamentándote por todo lo que no tienes o disfrutando de lo que sí tienes. Y es que cómo diría Carnegie en una de sus reglas de cómo vivir mejor, muchas veces nos agobiamos por las cosas que sentimos que no tenemos; por ese trabajo que no obtuvimos, por las deudas, por las metas no alcanzadas, por todo. Sin embargo esta frase resume todo: “Estaba afligido por no tener zapatos, hasta que vi a quien no tenía pies”.

Aproximadamente un 90% de las cosas de nuestras vidas están bien y un 10% mal. Si queremos ser felices, todo lo que debemos hacer es concentrarnos en el 90% que está bien, y pasar por alto el 10% restante. Si queremos estar preocupados y acabar enfermos, todo lo que debemos hacer es concentrarnos en el 10% que está mal y pasar por alto lo demás. Está en nosotros cambiar la percepción que tenemos de nuestra vida, comprometiéndonos a dedicar diariamente unos minutos a fijar la atención en todas las increíbles riquezas que poseemos.

¿Venderías tus ojos por mil millones de dólares? ¿Qué estarías dispuesto a perder por tus dos piernas o manos? ¿Por tus hijos, por tu familia? Suma todas tus bendiciones y verás que no venderías lo que posees por todo el oro que hayan acumulado los Rockefeller, los Ford y los Morgan juntos.

López Mora lo expresa demasiado claro en su “Exprimir segundos.”

“Mira en qué mundo vivimos. Cualquier día puedes salir a la calle y, por infortunios, nunca volver. Puedes viajar y nunca hacer el camino de vuelta. Simplemente estar en un sitio en el momento exacto, por desgracia. Puedes tener el día más feliz de tu vida y que aparezca al día siguiente una enfermedad que igual nunca desaparece.

No entiende de edades, ni de momentos. Con el paso del tiempo aprendes a vivir cada minuto como si fuera el último. Para que, pase lo que pase, sepas que has exprimido al máximo cada momento. Sin miedos, porque ya nada es evitable. No sabes dónde está el último beso. El último abrazo.

He aprendido a soltar todos los “te quiero” que me salen. Aunque algunas veces parezcan demasiados. He aprendido a disfrutar de un paisaje, una canción. Una película.

Un instante al lado de la persona que amo. No voy a cambiarlo. No tengo ni idea de cuántos segundos puedan, pero van a ser apasionantes.”

La vida no es un problema para ser resuelto, es un regalo para ser vivido. Aprende de lo que tengas que aprender, pero no dejes de mirar las bendiciones que Dios te concede cada segundo. Suelta, perdona, exprime los segundos, los momentos, las vivencias.

Recuerda que tal vez no puedas cambiar tus circunstancias, pero si está en ti decidir mirar con los lentes del agradecimiento y de la búsqueda de la bendición.

Esta es tu vida, gózala, vívela, comprométete, ámate, ama.

Tu vida junto a los que más quieres, son lo más valioso de tu vida.

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