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Más allá de la gratitud

Me gusta mucho la costumbre de nuestros vecinos del norte de celebrar el Día de Acción de Gracias –con origen en la celebración de las buenas cosechas

Me parece un hábito que nos convendría adoptar o experimentar, pero no sólo un fin de semana sino el año completo.  Más allá de los beneficios que la gratitud nos brinda en términos mentales y físicos, como en la salud, el bienestar y la calidad en nuestras relaciones, agradecer es una obligación. Pero hoy quiero invitarte a ir más allá de la gratitud y practicar el aprecio, te garantizo que tú y quienes te rodean serán más felices.  Hace poco mi esposo y yo vimos en Netflix una serie documental sobre la guerra de Vietnam. Acabábamos de vivir los temblores en nuestro país y mi ánimo no estaba bien.

Me encontraba francamente deprimida al enterarme por distintos medios del sufrimiento de tanta gente, escuchar el paso constante de las ambulancias cerca de mi casa, lo que se aunaba al frío y la lluvia de esos días.  Al mismo tiempo, observar el dolor que un evento bélico puede causar a un país, me hizo replantearme lo que vivíamos. Al sopesar las amarguras de una guerra tan cruel como la de Vietnam y su duración, pensé que si bien nuestra situación era muy dolorosa y lo sigue siendo, el sufrimiento también es relativo. ¿A dónde quiero llegar? A contarles que desperté a una apreciación distinta de nuestra realidad y agradecí lo que tenemos como país a pesar de todo.  No es lo mismo agradecer que apreciar Escribo en esta tarde, después de dar una conferencia a cerca de 500 personas en el Centro Libanés.

Uno de los ejercicios consistió en compartir en grupos de tres personas cinco cosas que recargaran la energía de cada quien en lo cotidiano. “A mí me recarga de energía viajar, ir al mar o ir al campo”, comentó una señora. “Muy bien, eso por supuesto nos recarga a todos, pero quiero que busquen cosas más sencillas y simples que a diario se puedan llevar a cabo”, le contesté. Entonces, otra señora comentó: “No, pues así no tengo nada que recargue mi energía”. Ese comentario es lo que me inspiró a escribir este artículo. Me di cuenta de que ése es el pensar de muchas personas. Con frecuencia pasamos por alto el millón de pequeñas cosas que a diario nos da la vida: cariño, aliento, comodidad y demás.

Agradecer se refiere al acto de dar gracias por algo que tenemos; por ejemplo, agradezco tener un techo, un trabajo que amo, una familia, en fin. Sin embargo, apreciar es algo más sutil, más detallado, para lo cual se requiere estar más presente, ser más generoso, estar más atento, más consciente de aquello que agradecemos.  Puedo agradecer tener comida en la mesa, pero puedo ir más allá al apreciar su belleza, fragancia, sabor, lo nutritiva que es, o bien, el esfuerzo que hubo detrás de su preparación para que yo la disfrutara. Apreciar es reconocer la calidad, el valor, el significado, la magnitud de las personas o de las cosas que agradecemos.

Cuando el aprecio lo dirigimos a las personas, significa reconocer lo que me hacen sentir cuando estoy con ellas, quizá más confianza, más inteligencia, más inspiración, mayor energía y demás.  La próxima vez que te reúnas con tu familia o con tus amigos, ¿por qué no darle a cada quien el mejor regalo que se le puede dar a alguien: decirle algo en específico que hace bien, lo que amas de ella o él o alguna cualidad que admiras? Si lo haces frente a otros será aún más efectivo.   Aprecia. Ten por seguro que tu relación con esa persona se fortalecerá y al mismo tiempo te sentirás muy bien.

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