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Artesanas de la Paz

Somos incapaces de generarla o siquiera desearla para los demás cuando no la llevamos dentro de nosotros mismos

Más allá de un signo religioso durante el rito o saludo de la paz, el dar un apretón de manos y decirle a quien se encuentra a nuestro lado que la paz este consigo, es para los católicos uno de los momentos más humanizantes de la misa. Desde niños esperamos ese momento para ir a saludar a los primos, amigos, compañeros, conocidos y hasta al sacerdote. Por supuesto, a medida que crecemos vamos entendiendo que el sentido es desear y ofrecer la paz para todos por igual, así que dejamos de recorrer todos los rincones del templo en busca de nuestros allegados para limitarnos a saludar a quienes están a nuestro alrededor, sabiendo que eso es correcto, y que con eso basta. De verdad, ¿con eso basta? Bueno, habríamos de entrar en cuestiones que no dominamos para responder con cabalidad a eso.

Lo que con seguridad es cierto cuando se habla de esa bella y escurridiza palabra llamada paz, es que somos incapaces de generarla o siquiera desearla para los demás cuando no la llevamos dentro de nosotros mismos. De la necesidad de albergar paz en uno mismo para luego irradiarla hacia los demás, es que nace la preocupación de organizaciones como Familia Unida Saltillo y Pastoral Familiar para llevar a cabo bajo el nombre de Artesanas de la Paz el vigésimo tercer Congreso Regional de la Mujer. Ocupándose de lo que hablamos, emerge un objetivo claro y contundente propuesto por la organización para quienes asistan al congreso: Entender que soy responsable de encontrar la paz y ser reflejo de ella.

En nueve diferentes sesiones entre el 21 y 22 de septiembre, expertos conferencistas en diversos temas, con grandes bagajes de estudios y con la habilidad para saber transmitir sus experiencias, sus emociones y sus conocimientos, buscarán que los y las asistentes mediten sobre lo que reflejan hacia los demás, que en lo personal identifiquen lo que les quita la paz, que descubran cuáles son los enemigos del matrimonio y que cada quien se recuerde en la plática “ese alguien que tú eras”, que escuchen lo que el cuerpo le quiere decir a la mujer, que aprendan a vivir en paz, a saber orar…y a saber perdonar, a lograr un plan de acción en la vida, y en la conferencia final, a tener una actitud de desafío ante el “no puedo”. Todo desde la idea de tejer esa paz que nos hemos dejado robar, de reconstruir con nuestras propias manos esa paz que nos merecemos, de forjar en una retórica artesanal, lo que ha fracasado con un modelo abstracto de paz industrial.

Un congreso en busca de que la mujer saltillense se convierta en una Artesana de la Paz. El importante esfuerzo que acercan para ti marcas y organismos como GIS, Coca Cola, La Conchita, DIF Coahuila y DIF Saltillo, Banorte, Santander y Finamex, gobierno estatal y gobierno municipal, así como los organizadores de Familia Unida y Pastoral Familiar, resulta en un evento que no solo habrá de cambiar una vida, tu vida, sino la de toda una comunidad: tu comunidad. Apuesto sin temor a equivocarme que, aquellas personas que asistan al XXIII Congreso Regional de la Mujer, serán capaces de hacer en el día a día lo mismo que hacen los niños al momento del saludo de la paz en misa: ir con familiares, amigos, compañeros, conocidos y hasta con perfectos extraños, e inundarlos de esa paz que solo puede ser deseada, compartida e irradiada, cuando anida dentro de uno mismo.

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