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El cliente, ¿persona o signo de pesos?

Todos necesitamos clientes para que nuestros negocios prosperen, sin embargo, cada cliente además de representar una ganancia económica es un persona con una necesidades, preocupaciones y sentimientos

No existe un solo negocio que sobreviva sin ventas. Ya sea que se trate de una pequeña empresa, un gran corporativo o un profesionista que ofrezca sus servicios todos necesitan vender, pues es así como se generan los ingresos. Aunque suene un poco obvio, detrás de cada venta existe un cliente. Pero ese cliente además de representar el ingreso económico es una persona con características muy particulares:

1. Tiene una necesidad Cuando un cliente nos busca tiene una necesidad. Raras veces hablan para platicar del clima o por pasar a saludar. Un cliente tiene una situación insatisfecha que le resulta apremiante resolver y establece un contacto para comunicarla.

2. Nos reconoce como alguien que le puede ayudar En virtud de la necesidad expresada, cuando un cliente se acerca a nosotros, en el acto de buscarnos por teléfono o por mensaje está expresando su reconocimiento a nuestra capacidad de solucionar su necesidad o problema.

3. Confía en el servicio que le podemos ofrecer Si un cliente nos busca es porque está pensando que tenemos la capacidad de resolver la situación que lo inquieta y, además, de hacerlo de la mejor manera. A veces podemos decir que el cliente andaba de mal humor, o estaba exagerando el nivel del problema o tenía unas expectativas irreales, o no supo comunicar lo que en verdad necesitaba o lo expresó en un momento muy inapropiado, en fin… En cualquier caso siempre hay que tener presente que el cliente por más que represente un ingreso para el negocio, y por encima de los inconvenientes que pueda generar es una persona como cualquier otra. Es un ser que se preocupa, se enoja, se equivoca, duda o se arrepiente. Pero también ama, disfruta la compra, se emociona por el producto o servicio, se alegra y siente satisfacciones.

En la medida en que, como proveedores de servicios, estemos conscientes de todas las dimensiones del cliente podemos procurar atenderlas. Un cliente contento regresa. Por el contrario, un cliente molesto puede destruir nuestra reputación comercial. Tratemos de empatizar con nuestros clientes, hay que darles un servicio profesional, incluso, en ocasiones, tendremos que apapacharlos, orientarlos, guiarlos o hasta “regañarlos” un poco, pero por su bien y por la preocupación que nos generan. Entendamos que el cliente, tiene urgencias, necesidades y emociones, justo como nosotros. Cuando nos rehusemos a ver esto y nos limitemos a ver al cliente como un signo de pesos, en ese momento, podemos decirle “adiós”, pues habremos perdido un cliente.

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