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Dime cuáles son tus actitudes constantes y te diré como está tu vida

 De todas las cosas que llevas puestas, tu actitud es la más importante

 ¿Cuántas veces hemos sentido que no encontramos las razones pero nos sentimos agotados emocional y mentalmente? En ocasiones es importante revisar nuestro cuerpo, observar nuestros pensamientos, reconocer esas constantes emociones positivas y negativas; identificar con claridad qué cambios necesitamos hacer para obtener la paz y qué alternativas pueden ayudarnos a conectarnos con nosotros mismos y vivir en mayor equilibrio. Hugh Downs decía que una persona feliz no tiene un determinado conjunto de circunstancias, sino un conjunto de actitudes. Y es que aunque pareciera que nuestros talentos, virtudes, fortalezas o inteligencias son nuestras más poderosas armas de valor; hoy en día, en cualquier ambiente, ya sea profesional o social, la actitud tiene más valor. Reflexionemos por un segundo cuántas relaciones se pierden por una mala actitud, cuántas personas pierden su trabajo por una actitud negativa.

La realidad es que las actitudes reflejan mucho de lo que habita en el interior. La actitud hace que tengas cierta perspectiva hacia las cosas. Medita… ¿Cuál es tu actitud? ¿Acaso es de víctima, o es optimista y perseverante? ¿Cómo reaccionas conscientemente? ¿Cómo son tus actitudes afectivamente, todo te lo tomas personal o como una ofensa y a la defensiva? ¿Cómo observas y te predispones ante cierto comportamiento? La actitud se trabaja cada día y se genera dependiendo de la emoción que atribuyas a cada experiencia. Tú eliges cómo ver cada situación. Mantener una actitud positiva, constructiva, alegre… es lo que nos permite salir a flote en los días negros. Hay ocasiones donde no es fácil mantenerla, donde las circunstancias nos hacen sentir vulnerables, pero debemos buscar mantenerla. ¿Qué actitudes diarias cambiarán tu vida generándote paz? Acercarte a Dios. No depende de ti girar la tierra alrededor del sol. Todos tenemos instintivamente la necesidad de confiar en que algo más grande está permanentemente en control de tu universo. Somos seres espirituales y tenemos la necesidad de una presencia divina.

Lo que afortunadamente no depende de ti, entonces ¿De quién depende? Deja de resistirte a una parte divina que ansía sentir esa plenitud. Entre más te resistas a abrir tu corazón, a dejarte fluir y a vivir su experiencia, menos podrás obtener paz en tu corazón. Para dejar que Dios entre en tu vida, sólo pídele que te muestre el camino para acercarte, sentirlo y conocerlo. Pídele a tus ángeles su luz, su compañía y agradéceles por su protección. Acércate a alguien que admires por su vida espiritual y pídele ayuda. 2. Perdona y haz las pases con tu pasado. Esta es una parte fundamental para sentir la paz. El perdón no quiere decir que estés de acuerdo con la ofensa, pero si que estás dispuesto a amar al otro, a dejar de cargar, a amar aún más allá del dolor. Podemos cargar toda la vida con una maleta de heridas, sin querer perdonar y sin querer soltar esa emoción. Todo lo que sentimos lo vibramos, lo emitimos, lo reflejamos. Decídete hacer una lista de todas esas personas a las que quisieras pedir perdón y perdonar por las palabras, juicios y acciones. Inclúyete en esa lista, comienza perdonándote por todo ese pasado. Lo único que tienes hoy es tu presente. No hay forma de obtener paz interior si no hay perdón. Busca ser coherente e íntegro en tus acciones. Todos somos humanos y tenemos luchas y caídas, pero para obtener la paz hay que ser personas de una sola pieza. Es decir actuar de acuerdo a lo que digo, pienso, siento y hago.

Cuando no hay integridad el cuerpo muestra una incomodidad, nuestros gestos cambian, hay inquietud en el alma. Vivir la integridad es una decisión de cada día. Piensa positivo y educa una mente agradecida. Nuestros pensamientos crean nuestro mundo. Entre más pensemos en las maravillas que nos rodean, formaremos nuestra capacidad de observar las bendiciones. Decídete a hablar más de las cosas por las que estás agradecido. Ten actos genuinos, amorosos y generosos con los demás. Si eres íntegro contigo, vibrará en ti esa necesidad de dar, acompañar, entregar, consolar, solidarizarte, alegrar a otro. Cuando hay integridad, una pura intención y una mirada positiva… las oportunidades de amar llegan solas. Creo firmemente que para tener un equilibrio emocional, espiritual y un balance en nuestra vida, hay que buscar vivir actitudes diarias que nos permitan fluir, desarrollarnos y desbloquear las áreas en las que nos sentimos atorados o incapaces de fluir. Siembra actitudes positivas, y cosecharás mucha paz interior.

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