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Dime qué haces y te diré que has vivido

El significado que le atribuimos a las cosas se sustenta en alguna creencia, miedo, prejuicio, inseguridad, abandono o experiencia que nos marcó 

Tú eres el resultado de ti mismo, no culpes a nadie nunca, nunca te quejes de nadie ni de nada porque fundamentalmente tú has hecho lo que quieres de tu vida.” Pablo Neruda Cada ser humano que habita en este planeta es único e irrepetible, y así de única e irrepetible es su historia. Tú llevas tu pequeña gran historia dentro de ti, otros llevan la suya, y yo la mía. E independientemente de que la conozcamos o no, sentimos la nuestra mucho más real que las demás. Recientemente me encontré con un artículo de Cristina Medina sobre este tema, y cómo justamente, de manera inconsciente, magnificamos lo que nosotros vivimos y empequeñecemos lo que no. En cierta forma le damos fuerza y poder a lo que hemos vivido y por eso actuamos acorde a eso. Cuando trabajamos a conciencia lo que significa cada una de las experiencias que nos componen, comenzamos a acomodar las piezas de la persona que somos hoy.

El significado que le atribuimos a las cosas se sustenta en alguna creencia, miedo, prejuicio, inseguridad, abandono o experiencia dolorosa que nos marcó. Y es verdad que realmente conocemos a la otra persona cuando entendemos lo que lleva en su interior, el cuerpo y el alma lleno de recuerdos que ha ido cargando o abrazando. Y es que sólo podemos conocer a alguien cuando esa persona te muestra su corazón y su esencia tal cual es. Sólo podemos darnos a conocer cuando enseñamos quién somos y actuamos coherentemente como personas. No es fácil, la mayoría de las personas solemos querer tapar, ocultar, eliminar. Pero es importante que recordamos que todo eso, aunque parezca obscuro, nos compone y es parte de lo que le da forma a quién somos. Nos parece muy fácil hablar, juzgar u opinar sobre temas que no hemos vivido. Por ejemplo, alguna persona que abandona a sus hijos o alguien que teniéndolo todo lo pierde por una aventura amorosa. Pero es porque desconocemos, y esa situación no nos ha tocado nuestra propia piel, que nos parece fácil hablar sin pensar.

Esto me recuerda mucho a una frase que un día leí: “No juzgues, no sabes las tormentas por las cuales yo le he pedido que camine” Dios. La vida misma nos arrastra a mirar. Podemos elegir no mirar la incomodidad, pero eventualmente vuelve a aparecer. No podemos dejar de vivir cosas y no podemos decidir que no nos ocurre nada. Lo que sí podemos hacer es expresar con nuestros actos lo aprendido. Actuar y dejar que nos conozcan por eso. Esas pequeñas grandes cosas que nos señalan un punto en nuestra historia personal, son las que nos enseñan, forjan y se han convertido en caminos de aprendizaje únicos. En algunas ocasiones, estos caminos de aprendizaje dependen de la voluntad y del coraje con que les hagamos frente. También del compromiso y acompañamiento, de lo que te haya rodeado en esa circunstancia. Eso es lo que somos, y en función de lo que somos, nos comportamos.

Las relaciones personales cuestan cuando no me permito ir más allá de lo que mi amiga, pareja, padre, han vivido. ¿Cuál relación te cuesta? Ve más a fondo. Ve más allá de la herida. Permítete conocer qué hay en ese fondo, que hay de tanto dolor. Empatiza y se compasivo ante esas heridas. Nunca sabremos lo que hay detrás del otro y en ocasiones remarcaremos y nos quedamos sólo con un adjetivo. No te quedes ahí, permítete descubrir más del otro. Recuerda que hay mucho más que no vemos y ejercita una mirada distinta, abierta, sin juicio, hacia esa persona. Permítete descubrir esa conexión maravillosa; conocer, dejarte ver, comprender, empatizar, con lo tuyo y lo del otro. Saber todo lo que hemos vivido por separado, nos conecta.

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