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El elevador Mutombo

Cuando tomes el elevador para subir al último piso, no te olvides de mandarlo para abajo. Así, otros también podrán subir

Marcharse del propio país constituye siempre un riesgo. Es como salirse de una película de acción cuando el bueno está a punto de ganar o entrar a una ópera al final del segundo acto. Falta ubicación, integración y, sobretodo, compenetración. Sin embargo, soñarlo es fácil. Y para un niño, mucho más. Por eso Dikembe Mutombo, desde que tenía 9 años, quería salir del Congo para estudiar medicina y volver a ayudar a sus conciudadanos. Sus sueños no estaban tan lejos de la realidad, pero la naturaleza le tenía preparado otro regalo. Comenzó a crecer, y crecer, y crecer, hasta alcanzar los 2.2 m. convirtiéndose en un gigante negro que pasaba mucho tiempo jugando basketball. Como su sueño permanecía, hizo lo posible por conseguir una beca en Georgetown para sus estudios universitarios. Aunque sorprenda, no la consiguió por su altura y su habilidad en el deporte, sino por sus brillantes estudios académicos.

Por fin llegó el día de su partida del Congo. Su papá le miró fijamente y le pidió que regresara a casa con una educación bien fundada que ayudara a salir adelante a su país. El gigante asintió…pero luego desobedeció. Durante su segundo año en la universidad, John Thompson, entrenador de basketball, le pidió que jugara en el equipo de la escuela. Fue entonces cuando comenzó la aventura de la estrella de los Houston Rockets, equipo donde se retiró. Pero aun envuelto en la fama y sin regresar a su país, el cuatro veces jugador defensivo del año por la NBA, no abandonó sus sueños. Al contrario, con su contrato de 68 millones de dólares hizo lo que siempre esperó: paliar los muchos sufrimientos de su país.

En una ocasión resumió a través de un moderno proverbio africano el porqué de su compromiso: “Cuando tomes el elevador para subir al último piso, no te olvides de mandarlo para abajo. Así, otros también podrán subir”. Para hacerlo, Mutombo ha llevado a cabo numerosas iniciativas. Por ejemplo, a dos sobrinos y dos sobrinas, les ofreció la oportunidad de vivir y estudiar en los Estados Unidos, tratándolos como a sus propios hijos. A la selección femenina de basketball del Congo la proveyó con el equipo y los gastos necesarios para viajar a las olimpiadas de Atlanta en 1996. Además, ha contribuido a erradicar la Polio en África Central. Y en la capital del Congo, su ciudad natal, está construyendo un hospital de 14.5 millones de dólares. En fin, el número 55 de los Rockets ha dejado una estela de grandes triunfosy títulos siguen resonando en nuestros oídos. Sí, Mutombo es un gigante en la cancha, pero, sobre todo, lo es en su corazón.

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