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El helecho y el bambú

Aunque a veces no entendamos el por qué, Dios tiene un propósito en ti y en los que te rodean

Gracias Regina por tu testimonio “Dios tiene una razón para permitir que las cosas sucedan, puede que nunca entendamos su sabiduría, pero tenemos que confiar en su voluntad.” Recientemente, me he visto muy movida por el testimonio de Regina, una niña preciosa llena de fuerza y de lucha que nos ha demostrado a los que hemos sido tocados por ella y su familia, cómo confiar en Dios en el día a día ante su enfermedad. Y es que desde mi historia personal considero que es muy fácil decir que confiamos en Dios, pero muy difícil hacerlo desde el corazón en los momentos más difíciles. En nuestra humanidad, nos surgen inquietudes, miedos, cuestionamientos… ¿Dios, para qué me pides esto? ¿Qué deseas lograr en mí o en mis seres queridos con esto que permites que viva? ¿Cómo ver tu presencia si sólo hay dolor? ¿Porqué permites el mal ante alguien lleno de bondad? Y no siempre encontramos las respuestas como queremos encontrarlas, pero Dios encuentra el modo de hacernos sentir su presencia durante la prueba.

La clave durante la prueba es no perder de vista que Dios está trabajando en nosotros. Nos está puliendo como esa piedra preciosa que nos soñó desde que nacimos, desea con pinceladas convertirnos en esa persona; muy probablemente más humana, más alegre, más amorosa, más libre, más llena de luz. Dios también se vale de un alma llena de él, para tocar la vida de los que le rodean y que con tanto amor desea que se acerquen a él. Quisiera compartirles una de mis fábulas favoritas, la cuál Regina me recordó con su valentía, su lucha diaria y su actitud positiva al no renunciar ningún día de esta lucha que hoy Dios permite. Un día decidí darme por vencido… renuncié a mi trabajo, a mi relación, a mi espiritualidad… quería renunciar a mi vida. Fui al bosque para  tener una última charla con Dios.  “Dios”, le dije. “¿Podrías darme una buena razón para no darme por vencido?” Su respuesta me sorprendió…” Mira a tu alrededor”, El dijo. “Ves el helecho y el bambú?” “Sí”, respondí. “Cuando sembré las semillas del helecho y el bambú, las cuidé muy bien. Les di luz. Les  di agua.

El helecho rápidamente creció. Su verde  brillante cubría el  suelo. Pero nada salió de la semilla de bambú. Sin embargo no renuncié al bambú.  En el segundo año el helecho creció más brillante y  abundante. Y nuevamente, nada creció de la semilla de bambú. Pero  no renuncié al bambú.” Dijo Él.  “En el tercer año, aún nada brotó de la semilla del bambú. Pero no renuncié.” Me dijo. “En el cuarto año, nuevamente, nada salió de la semilla de bambú. “No renuncié” dijo. “Luego en el quinto año un pequeño brote salió  de la tierra. En comparación con el helecho era aparentemente muy pequeño  e insignificante. Pero sólo 6 meses después el bambú creció a más de 100 pies de altura.  Se la había pasado cinco años echando raíces. Aquellas raíces lo  hicieron fuerte y le dieron lo que necesitaba para sobrevivir. “No le daría a ninguna de mis creaciones un reto que no pudiera sobrellevar” Él me dijo. “¿Sabías, mi  niño, que todo este tiempo que has estado luchando, realmente has estado echando raíces?” “No  renunciaría al bambú. Nunca renunciaría a ti. No te compares con otros” me dijo. “El bambú tenía un propósito diferente al del helecho, sin embargo, ambos eran necesarios y hacían del bosque un lugar hermoso”.

Espero que estas palabras  puedan ayudarte a entender que Dios nunca renunciará a ti. Nunca te arrepientas de un día en tu vida. Los buenos días te dan la felicidad. Los malos días te dan experiencia. Ambos son esenciales para la vida. Dios está trabajando en nosotros, siempre. Regi, estoy segura que hay cosas que nosotros podemos cambiar y solucionar, y hay cosas que sólo Dios puede cambiar. Estoy segura que Dios está echando raíces en ti y en todos los que somos tocados por tu lucha. Estoy segura qué estás creciendo alto y dando gran Gloria a Dios, al aceptar y abrazar esta cruz que Dios permite. Ánimo pequeña, cada día que pasa, Dios te sigue tocando con su gracia y su bendición, y nunca deja de mirarte.

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