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¿Eres maduro psicológicamente ?

El estilo de personalidad madura

La expresión “ser un inmaduro” es una etiqueta que se utiliza de forma muy habitual para describir a aquellas personas que en alguna de sus áreas vitales no se desenvuelve de una forma coherente, competente o estable. A pesar de que este tipo de funcionamiento personal resulta inadaptable, no existe una categoría concreta. Sin embargo, este estilo de comportarse y tomar actitudes puede presentarse de forma subyacentemente como un elemento común en diversos trastornos de personalidad.

Para el psiquiatra y experto Enrique Rojas (2001) existen tres ámbitos a los cuales puede encerrar el denominado estado de madurez personal: el afectivo, el intelectual y el profesional. En términos del autor la madurez es un estado de conocimiento y buen juicio, prudencia y saber, que se ha ido alcanzando y que lleva a gestionar de manera positiva la propia psicología. De esa forma, una persona que se encuentra en dicho estado dispone de un nivel adecuado de capacidad para conducir su vida de manera competente y eficaz a nivel emocional.

Un aspecto clave es entender este concepto como un proceso dinámico, un fenómeno que no presenta una finalidad o destino concretos, sino que se va modulando constante y permanentemente a lo largo del ciclo vital. Por tanto, debe desterrarse la idea de que existe un grado de madurez personal perfecta e ideal a la cual llegar y mantener de forma estática.

 Características de las personas psicológicamente maduras

1. Conocer la naturaleza del mundo emocional

Es decir, que las personas psicológicamente maduras son capaces de observarse a sí mismas y de asociar situaciones o eventos a experiencias emocionales.

2. Establecer unas bases sólidas en el área sentimental

Esta cualidad se refiere al hecho de haber experimentado el sentimiento de amor en su profundidad y a conocer las implicaciones y compromisos necesarios para el mantenimiento de tal relación amorosa.

3. Poseer una visión realista de la pareja

Evitar las idealizaciones y percepciones sesgadas del otro es imprescindible. Disponer de unas expectativas demasiado elevadas de la relación y del otro miembro de la pareja dificulta la resolución positiva de las adversidades o desencuentros que puedan surgir entre ambos.

4. Considerar a la otra persona y a la relación como una parcela más de la vida

La independencia emocional respecto de los demás se vincula muy estrechamente con un buen nivel de autoestima y seguridad en uno mismo, hecho fundamental en el establecimiento de relaciones interpersonales saludables.

5. Comprender la naturaleza dinámica de las emociones y los sentimientos

Ello implica considerar que estos fenómenos son mutables y modificables en el tiempo y que, es necesario realizar acciones y conductas cotidianas que los alimenten en positivo de forma constante.

6. Ser capaz de dar y recibir amor de forma sana

Este punto implica tener la capacidad para comunicar el afecto con verbalizaciones y acciones, así como también ser consciente de que este hecho forma parte de la naturaleza humana. En efecto, una persona madura comprende que es merecedora del afecto de forma intrínseca por parte de la otra persona y, por tanto, que desea corresponder a esta de la misma manera.

7. Estar preparado para construir un proyecto en común con otra persona

Principalmente, este aspecto implica compartir áreas de la vida propia con otro individuo de forma satisfactoria y además tener la competencia y el compromiso en desear solucionar posibles conflictos que puedan surgir en su trascurso.

8. Disponer de las cualidades suficientes de inteligencia, voluntad y compromiso

Estas tres cualidades implican la habilidad para encontrar el equilibrio entre la consecución de las metas vitales propias y aquellas comunes a la pareja. Estas últimas deben ser compartidas por ambos miembros de forma voluntaria, por lo que una comunicación efectiva entre las dos partes deviene un aspecto fundamental y necesario.

9. Mantener el sentimiento de amor a largo plazo

Es importante cobrar consciencia de que es positivo no caer en una sucesión de fases de enamoramiento superficiales. Este punto se vincula muy estrechamente con el anterior en lo referido al nivel de compromiso necesario para que dicho proyecto sentimental disponga de una continuidad satisfactoria.

10. Autorregularse

Finalmente, es importante interiorizar que uno mismo puede aprender a regular internamente sus emociones y sentimientos. Muy relacionado con el punto primero, un individuo maduro es capaz de no dejarse llevar por sus emociones y es competente identificándolas, comunicándolas y analizarlas racionalmente a fin de conseguir un comportamiento final más adaptativo.

A modo de conclusión…

Podríamos decir que una persona madura psicológicamente posee las cualidades de inteligencia emocional; sentido del compromiso, de la responsabilidad y del esfuerzo; un estilo de funcionamiento (intra e interpersonal) racional y regulado donde se equilibra el mundo de las emociones respecto del mundo de lo cognitivo; y, finalmente, un grado suficiente de comportamiento ético y moral.

Además, también son ingredientes relevantes aspectos como disponer de un buen nivel de competencia en el conocimiento propio, donde se asumen fortalezas y debilidades; una adecuada capacidad para analizar, reflexionar y tomar decisiones de forma coherente y basada en argumentos sólidos; y un desarrollo positivo de la autoimagen en el que la independencia emocional respecto del otro es el principal componente.

Con informacion de: Psicología y mente

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