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Explora las Grutas Xoxafi, en Hidalgo

Según los abuelos otomíes, se formaron por el impacto de un rayo

 

Por: Viridiana Ramírez

 

El abismo está a pocos metros de distancia. Tu vida pende de una cuerda de 10 metros de largo por la que desciendes a rappel. Una vez que pisas el fondo oscuro y seco, ya no hay regreso. Estás adentrándote a Xoxafi, una milenaria caverna que se formó, según los abuelos otomíes, por el impacto de un rayo que cayó sobre el cerro Temptha, en Santiago de Anaya, Hidalgo.

Ahora, debes encender la lámpara de tu casco para ver las grietas de las cuevas por las que debes atravesar. Son tan estrechas, que en algunos tramos es necesario sumir la panza para poder avanzar.

La luz quizá moleste a los únicos habitantes de la caverna, los murciélagos. El sitio es considerado una reserva de cinco especies de estos mamíferos voladores, todos herbívoros, por lo que puedes seguir avanzado, con la seguridad de que no buscarán alimentarse de tu sangre.

Das unos pasos más y llegas a la bóveda principal de las grutas. Estalactitas y estalagmitas decoran el Salón del Triunfo. Así nombraron los guías a este regalo de la naturaleza. Miles de años atrás la filtración de agua modeló estas formaciones caprichosas.

“¡Pecho tierra!”, gritan los guías. Debes avanzar cinco minutos a paso de soldado. Te arrastras. Las paredes de roca maciza raspan tu casco, que en ocasiones se llega a mover de su lugar por un golpe. Nada de gravedad.

“Recomendamos que lleven los jeans y la playera más viejos que tengas, porque se van a desgarrar”, me advierte Daniel, guía de Xoxafi.

Tirolesa bajo tierra

La caminata por este túnel alcanza los 105 metros de profundidad. Ahí se ha instalado la siguiente etapa del recorrido: dos tirolesas que juntas suman 300 metros de longitud. El vuelo subterráneo lo haces casi a ciegas porque las lámparas no alumbran demasiado. La experiencia incluye los chillidos de los murciélagos que se refugian entre las grietas.

Después de deslizarte, cruzas un puente colgante que te lleva a otras galerías: el Pasillo de los Órganos, el Salón de la Serpiente y la Piel de Leopardo que con tantos hoyos y destellos de minerales, emula la pie ldel felino.

Escalar para escapar

Llega la recta final del recorrido, has estado bajo tierra más de dos horas. Es momento de salir de las entrañas de Xoxafi. Los guías te piden que uses los boquetes de las paredes como escalones y agarraderas para subir 12 metros hacia la superficie.

Una vez que ya no hay más apoyo, te sujetas de una cuerda con nudos y continúas subiendo. La fuerza de tus brazos y piernas se pone a prueba de nuevo.

 

Como Tarzán

Antes de salir de la cueva, los guías te retan a realizar el último vuelo: ahora, hay que subir a una plataforma, sujetarte de una soga y lánzarte al estilo “Tarzán” para atravesar de un extremo a otro la entrada de las grutas.

El recorrido tiene otro plus:

Una tirolesa más, pero en el exterior. Los primeros 300 metros atraviesan dos puntas del cerro. El regreso es más largo, de 800 metros, pero ahora te lanzas en posición de “Supermán”.

Para que recuperes fuerza y como premio a tu valentía por convivir con murciélagos, las cocineras otomíes te preparan un banquete, mientras te cuentan que sus abuelos bautizaron como Xoxafi a las grutas, porque la palabra, en lengua ñañú, significa “trueno que cayó”.

Si quieres seguir añadiendo emoción a la jornada, emprende una batalla en el campo de gotcha o una caminata adicional por otro túnel de la cueva, ahora para escuchar leyendas y cómo se formó esta cueva fósil, la cual se calcula tiene 340 millones de años.

Si te atrapa la noche, en Xoxafi hay áreas de campamento con casas y cargas de leña a tu disposición. También puedes dormir en cabañas

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