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“El gran bouffe” (¿Qué comen los escritores?) 1⁄4 Aquí de

Aquí desfilarán Pablo Neruda y Miguel Ángel Asturias, Jean Paul Sartre, Stephen King, Víctor Hugo y más

El sabio Pitágoras de la antigüedad, el cual no erani frugalni vegetariano en sus comilonas aunque así se le ha queridohacer pasar al día de hoy por los veganos, veía en el cuatro,  el símbolo y seña, origen y raíz de la naturaleza eterna. El cuatro es por antonomasia, símbolo del mundo físico. Cuatro elementos de la naturaleza (aire, fuego, agua y tierra), cuatro evangelios, cuatro estaciones del año, cuatro humores corporales…. Número redondo y cabalístico. Por lo anterior, estas van a ser señor lector, cuatro columnas seguidas donde vamos a explorar los alimentos, los platillos favoritos de varios escritores.

Esperando que dichos estetas, o algunos, sean  los amados por usted en su historia de lecturas. Sin duda, espero atinar en el abordaje de ellos .Y claro, cuando los nombre y platique de sus rutinas gastronómicas, voy a deletrear la voz de un ser humano, amigo de quien esto escribe, lector o lectores fieles del escritor abordado. Sin duda, así nos conoceremos mejor todos en este salpicón dominical. Comenzamos la tirada de platos y bebidas en la tabla de esta buena mesa puesta por VANGUARDIA.

Comer es una necesidad, sí, pero cuando se hace reposadamente –como el amor, vaya–, con los platones bien puestos, la compañía perfecta y las porciones generosas, la necesidad se muta en placer. Placer compartido. Los placeres de la lengua y de la carne. Hoy, se huye de los platos generosos porque aparejada viene la gordura y la visita al dietista. Luego, vendrá la flagelación en el gimnasio, la noción de pecado, el “yo confieso” pecador ante alimentos insustanciales e insípidos (según los nutriólogos, la mejor garantía de aquello es “saludable” puf).  ¿Postres? Jamás, tienen  azúcar y la azúcar… se piensa en la balanza y no en comer y vivir bien. El comer bien es como el amor, hay que alimentarlo diario. Lo contrario es la muerte: el desamor, el desabor. ¿Cuándo se jodió todo aquello que era una fiesta en la tabla, los buenos platos, los buenos caldos, los buenos vinos y claro, los buenos y ampulosos postres y pasteles? De la alegría de la mesa, hemos pasado a la tristeza de ir a sentarse a comer ante un plato insípido y a un lado, agua simple. Sin duda, algo inhumano.

¿Cuándo terminará esta moda tiránica? ¿Siempre ha sido así en el devenir del tiempo? No. Absolutamente no. Y pocos humanos como los artistas en general y escritores en particular, quienes han desafiado lo políticamente correcto y sí se han adherido a disfrutar de los placeres de la vida, no pocas veces ofreciendo en prenda su propia vida. Aquí desfilarán Pablo Neruda y Miguel Ángel As- turias (“los poetas gordos”, se auto nombra en un texto delirante, Pablo Neruda); Jean Paul Sartre, el filósofo francés quien en plena Guerra Mundial, mandaba traer vía correo a la India o Paquistán, su postre favorito, “Halva”, una especie de torta de pasta de sémola y almendras.

Hablaremos del ahora muy mentado mago del terror, Stephen King, quien bebe diariamente una taza de té mañanero con un bastimento que hace matrimonio con un pedazo de energía: un cheescake de sabores variados. Hay de gustos a gustos: Víctor Hugo no iniciaba el despunte del día sin beber su taza de café a la cual agregaba… dos huevos crudos. Vamos iniciando este banquete pantagruélico.

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