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La dieta de Daniel y el banquete de los dioses

Su historia se encuentra allí misma en el ‘El Libro de Daniel’ 

No pocas veces si usted me ha leído, lo cual agradezco siempre, hemos disertados sobre alimentos, gastronomía, cultura y literatura, ancilando nuestra tirada de naipes en la Biblia. Es decir, hemos tomado como punto de partida a la Biblia y su entramado de historias las cuales no tienen fin. Se desdoblan en una buena maraña de personajes, anécdotas, historias, dramas de todo tipo. Y claro no se diga en la trama que nos mantiene a usted y a mí unidos dominicalmente, la vena gastronómica. Hoy abordamos a vuela pluma la vida y comida de un personaje del cual platicamos ya de él aquí, con motivo del díptico sobre la comida vegetariana. El personaje es Daniel. Y su historia se encuentra allí misma en el “El Libro de Daniel.”

Lo recordamos rápidamente: los hermanos vegetarianos Adventistas del Séptimo Día, siguen aquello de la Biblia que dio Dios como orden para su alimentación en Génesis 1:29: “… toda planta que de semilla que está sobre la tierra, y todo árbol en que haya fruto y que da semilla.” Ya luego viene la famosa “Dieta de Daniel.” En el primer Capítulo del Libro de Daniel se lee que éste y sus compañeros cuando son recluidos en las mazmorras, se abstienen de comer lo mismo que les ordenaba merendar el Rey a todos los demás, incluyendo a sus magos y astrólogos. Daniel sobrevivió diez días comiendo sólo vegetales y agua. Nada de carne y vino. Y cuando volvió a estar frente al Rey, Daniel superó a todo mundo debido a su “sabiduría y entendimiento.” (Verso 20). Todo mundo lo atribuye a la dieta que practicó. Se hizo vegetariano, pues.

Ya lo recordamos, y hasta aquí vamos bien. Pero en la Biblia católica, en el capítulo 13 y en el 14, hay dos historias de macro impacto (sigo la versión griega en la traducción conocida como Biblia de Jerusalén, capítulos que no se reconocen en la Biblia de los hermanos cristianos). Una es el famoso “Baño de Susana” que desborda erotismo por todos lados (estampa que ya abordé alguna vez en mi columna de erotismo “Tacones y Bragas”, textos en la red en la página www.mdsaltillo.tv)y en el capítulo 14 acabo de “descubrir” la historia (muy entretenida, por cierto) de un gran, ostentoso y dispendioso banquete donde en teoría, quien se acababa toneladas de vinos y alimento diarios era el famoso dios Bel (o Baal) de los babilonios.

El Rey Ciro de Persia, al ver que Daniel no se arrodillaba ni le tributaba y de manera cínica, eso lo digo yo, se burló cuando le dijo de todo lo que comía el gran Bel (Capítulo 14:7), lo retó a comprobar que el dios no comía ni bebía, de no hacerlo, pues lo pasaría a cuchillo. Hábil, Daniel mandó a sus sirvientes que pusieran cuidadosamente sobre el suelo del templo granos de trigo (en otras versiones de la Biblia se dice que fue ceniza), dispusieron vino y viandas de comida para el dios Bel, cerraron el templo y a media noche, de una puerta secreta, salieron las hordas de sacerdotes con sus familias, esposas e hijos a devorar aquello, quedando sus pisadas como mudos testigos. Al siguiente día, el Rey y Daniel lo vieron.

Sobra decirlo, encolerizado, el rey Ciro mandó matar a todos esos sacerdotes y sí, Daniel destruyó a dicho dios y al templo aquel. Llamo entonces su atención en cómo la comida ha jugado un papel fundamental en cualquier aspecto de la sociedad y del ser humano. Este banquete bíblico terminó en la horca y el degüelle para los babilonios. Ese Daniel era mejor que Sherlock Holmes. Creo que lo notó ya también… puede ser el origen de la novela de misterio, la novela policiaca y el resolver el misterio de un crimen…

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