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Leonardo Dávila Salinas: un charro de corazón

Ser mexicano es sinónimo de valentía; ser charro de tradición, honor y familia. Leonardo Dávila Salinas es referencia de estas cualidades; un hombre valiente que con honor, tradición y apoyo de su familia ha logrado poner la charrería a niveles internacionales.

Texto: Arian Ojili Fotos: Luis Castrejón Video: Humberto Casas

 

 

Levantarse con los primeros rayos del sol, montar a caballo, vestir sombrero y botas, es un estilo de vida. Leonardo Dávila, Lito, como lo conocen sus amigos, adoptó este estilo desde los ocho años de edad, cuando junto a su padre y abuelo, recorría senderos y ranchos montados en sus caballos.

Nacido en Arteaga, Coahuila “donde las montañas colindan con el cielo”, explica; el contacto con la naturaleza, la vida tranquila jugando en Arteaga, recorriendo la noria en bici, el interactuar con animales; era un tema de todos los días.

Y es que la charrería; la vida en el campo, en el rancho, el contacto con los animales, se lleva en la sangre. Prueba de eso es “Don Lito”, quien gracias a sus abuelos, adoptó una tradición, un deporte que ha conquistado no solo a México, sino también a otros países en todo el mundo.
Cuenta que fue su abuelo quien le regaló su primer caballo, un alazán crines güeras llamado El Manzano.
“Fue en San Antonio de las Alazanas, donde monté por primera vez acompañado de mi abuelo”, comentó.
En aquellos años, Leonardo pasaba todas sus vacaciones, ya sean de verano o Semana Santa, en el rancho, disfrutando de cabalgatas y largos paseos.
“En cuanto aprendí a cabalgar, ya más grandecito, salía de Arteaga y me iba en caballo hasta Carbonera, de ahí al Tunal, luego a Escobedo y de ahí a San Antonio de las Alazanas”.

La charrería es un deporte con mucho peso
782 asociaciones registradas.
Es el deporte que más elementos tiene registrados.
Posee 32 mil agremiados.
La charrería es nombrada por la UNESCO como patrimonio cultural inmaterial de la humanidad.

 

 

Tradición, familia y deporte
Enfundado en su elegante traje, bajo el sol y la tutela de su familia, fue donde Leonardo comenzó a dominar las técnicas del lienzo charro; actividades y aptitudes que definen algo más que la figura de un charro tradicional, nos describen un estilo de vida guiado por la pasión del campo.
Pasión que crecía en el corazón de Lito, refugiada por la tradición y por la familia; piezas claves para que se convirtiera en el Presidente de la Federación de Charros de México.
Leonardo, desde la comodidad de su hogar y rodeado de fotos y recuerdos, nos explica que Aniceto Moncada, un hombre que había trabajado en el Lienzo que estaba en la Feria de Saltillo, les enseñó las primeras suertes charras, lo que lo motivó a seguir luchando por convertir este deporte en una realidad en Coahuila.
“Juntos comenzamos a jinetear, a lazar, luego me tocó ser gestor y pedirle al municipio de Arteaga hacer un lienzo charro”.
La misión no fue fácil, pero después de varias charlas y acuerdos, Leonardo a sus apenas 15 años de edad, logró para Arteaga un terreno, donde hoy se encuentra el lienzo charro de aquel municipio.
“Así comenzamos a crecer, con el apoyo de Pedro Cepeda, Chuy Figueroa, Baltazar y Pedro Flores, por mencionar algunos; logrando nuestra primera charreada con invitados de Monterrey, de ahí seguimos y no nos detuvimos”.

Con el paso de los años y el esfuerzo por hacer crecer la charrería en nuestro Estado, Leonardo ingresó a la Universidad Autónoma Antonio Narro, formando parte del equipo de charrería de esta institución.
“Fue mi mejor época, y hoy, por fortuna, podemos ver charros de la Universidad Autónoma Narro en todo el país, representando una tradición única”.

 

 

 

 

 

Un regalo para Saltillo

Al terminar la universidad, en el año 2000, con el fin de homenajear la disciplina que tanta tradición conserva, Leonardo organiza el primer campeonato el cual lleva orgullosamente el nombre de su abuelo, Leonardo Dávila Valdés; dicho campeonato contó con la presencia de Enrique Martínez y Martínez, gobernador de Coahuila en aquellos años.
De ahí, se vinieron una serie de remodelaciones para el lienzo, así como más personas afines a esta tradición.
Consolidando la charrería en Arteaga, Lito se ve en la necesidad de traer a Saltillo un lienzo charro: “El regalo”, el cual se ha encargado de auspiciar a cientos de charros en
todo el país. Siendo acciones como éstas las que lograron que Leonardo Dávila, fuera por dos ocasiones presidente de la asociación de charros del estado de Coahuila.

Charrería una disciplina de México para el mundo

Leonardo Dávila Salinas, después de un accidentado proceso, fue electo presidente de la Federación Mexicana de Charrería al imponerse en las elecciones a Edgar del Bosque, proceso en el que votaron charros de Estados Unidos y México.
Este triunfo fue validado por el importante apoyo de parte de las diferentes asociaciones para totalizar 368 votos a favor del coahuilense, por 262 de su antagonista,
quienes se balancearon hacia el proyecto “Por una charrería con amistad, tradición y honestidad”.

Considerado histórico triunfo por parte de Lito Dávila, dieron su total apoyo Zacatecas, Guanajuato, Jalisco-Centro, Jalisco-Altos, Hidalgo- Huichapan, Hidalgo-Actopan,
Aguascalientes, las Bajas Norte y Sur, Nuevo León, Chihuahua, Durango.
Así como San Luis-Río Verde, Yucatán, Colima, Oaxaca, Quintana Roo, Tamaulipas-Tampico, Texas- Houston, Texas-San Antonio, Kansas, Nuevo México, California- Norte, Illinois, Arizona y, sin faltar, Coahuila.
Leonardo Dávila Salinas, ahora presidente de la Federación Mexicana de Charrería, estará durante el periodo 2017-2020, convirtiéndose en el primer dirigente norteño, quien impulsó una campaña de concientización a lo largo y ancho del país, así como en la Unión Americana.
Lito Dávila, junto con su hermano, Gustavo, es el fundador del equipo Valle de Saltillo, agrupación que le dio buenos resultados en años pasados al llegar a ser multicampeón estatal, y que busca poder llegar a ser el número uno a nivel nacional, el cual hasta el momento se le ha negado.
Hoy explica en exclusiva, sus planes para este deporte, así como aspiraciones y deseos para lograr que esta disciplina tome mayor fuerza, no solo en México, sino en todo el mundo.
“La misión es unir a la charrería, todo en un ámbito de absoluta honestidad y transparencia, porque queremos que todo sea como antaño, en un ambiente de amistad y compañerismo, porque todos hemos de contribuir para que haya lienzos llenos y el distintivo de mexicanidad; merecemos el respeto en la sociedad y por orgullo debemos ser propositivos y aportar nuestra verdadera identidad, estar a la altura que exigen las condiciones actuales”, enfatizó.

Para enamorarse de esta actividad/ tradición/deporte, solo basta con visitar algún Lienzo Charro y ver el folclor hecho traje, suertes; o bien sentarse a platicar con Lito para sentir como su pasión por nuestro México, se expone y enaltece con su visión de llevar la charrería a niveles internacionales.

El amor se solidariza
Fue en el lienzo, donde Leonardo Dávila, conoció a Mini Blanco, una escaramuza que en ese tiempo era la reina de los charros de Saltillo y que conquistó su corazón, y lo motivó a seguir con esta lucha y hacer de la charrería una tradición familiar que ahora comparte con sus hijos Leonardo, María Paula, Alejandra y Gabriela, quienes lo apoyan en la práctica de este deporte muy mexicano.

 

Cabalgando con amigos
Leonardo Dávila salía a recorrer
distintos parajes en compañía de don
Pedro Martínez y Manolo Jiménez.

El dato
Durante muchos años, Lito Dávila fue acompañado
en sus cabalgatas por su perro “El Teniente”.

¿Qué significa ser charro?
El charro es noble, leal y valiente hasta la temeridad. Es hospitalario y sentimental.
Por tradición es el símbolo genuino nacional y en la historia ha destacado como símbolo nacional. El charro ha sido, es y será, la representación simbólica de nuestra adorada y respetada patria.

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