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Si fluyes, fluye

Hay quien piensa que no tiene talento ni pasión, mucho menos metas en la vida

Entonces, después de tanto tiempo de evitar el tema, llega el momento en el que habrá qué elegir lo mejor para uno; el camino que nos permita lo más cercano a nuestra realización. Una gama de opciones se presenta ante nuestros ojos; posibilidades infinitas esperando a ser rescatadas y llevadas a cabo. Y uno se pregunta: ¿Qué es lo mejor para mí? ¿Qué debo hacer? ¿Qué hago? Póngase cómodo, mi querido lector, que pretendo robarme su atención por un buen rato. Hay quien piensa que no tiene talento ni pasión, mucho menos metas en la vida; sin embargo, es necesario sólo un poco de atención para darse cuenta que aquello es falso. Basta con verle en su momento más íntimo, haciendo involuntariamente justo eso que ama tanto.

¿Qué ha pasado para que sea de tanta preocupación el saber “qué hacer” con nuestra vida? No me parece que debiera ser una interrogante tan capciosa, peligrosa o que provoque miedos y ansiedades, sino al contrario. No obstante –y como casi siempre lo digo-, tendemos a caer en lo que dicen otros o lo que creemos que “debemos” hacer en función de otros, confundiendo el hecho de estar siempre al servicio de los demás con el hecho de dejar la vida propia a un lado para que los otros hagan lo que quieran con ella y la modifiquen a su antojo. Se nos olvida que para querer apoyar o ayudar a otro, incluso complacerlo hasta cierto punto, es prioritario apoyarse, ayudarse y complacerse a uno mismo, pues cada quien deberíamos ser la persona más importante y a quien más atención y amor debemos; y es una lástima, una gran y verdadera lástima, ver sueños e ideales frustrados por esta delgada línea entre lo que otros quieren de mí y lo que quiero yo en realidad.

La vida es tan corta, querido lector. Es realmente un misterio saber cuánto tiempo nos queda en esta Tierra y en este espacio, así como es una pena que ese tiempo no se aproveche haciendo lo que uno en verdad quiere y anhela por miedo no sólo al qué dirán, sino a las distancias, al cambio de mentalidad, a la aventura de conocerse a sí mismo al encontrarse plena y absolutamente en soledad. ¿Qué le detiene a usted para empezar a ser no quien “siempre ha querido ser”, sino quien siempre ha sido? ¿Qué motivo puede ser suficientemente poderoso como para ver marchar una y otra vez al tren de la vida y de la oportunidad? “Venimos a esta vida a ser felices” sabe decir por ahí la gente, pero ¿qué tan cierta es la intención de la frase? ¿Qué tan feliz es usted? Elija lo que elija, haga lo que haga, mi estimado o estimada, que sea eso que tanto lo motiva, emociona y potencializa.

Olvídese de lo que hacen los demás, de lo que siempre le han dicho que “tiene cara de hacer”, de lo que sus más cercanos quieren imponerle; olvídese de ese mito tan terrible de que tomando ciertos caminos o ciertos ámbitos uno no va a triunfar o se va a morir de hambre, pues, si algo es real y cierto, es que cuando uno hace lo que ama, todo fluye y todo llega. Y no, no pretendo imitar las famosas frases de los libros de superación personal ni darles una reflexión optimista acerca de este tema; simplemente corroboro y reafirmo que lo anterior existe y sucede cuando uno se deja suceder. Si fluyes, fluye; si lo focalizas, lo potencializas; si lo atraes, llega.

Sólo acercándose al ideal de realización personal es como se puede estar bien y en paz con uno mismo, con el resto y, ahora sí, entrar de lleno hacia la constante mejora del mundo. Querido lector, ¿qué quiere hacer el resto de segundos que le quedan por contar? Ojalá su respuesta sea “justo lo que estoy haciendo ahora”; y, si por algún motivo no es eso lo que piensa, ¿qué espera para ponerse pilas y correr hacia aquello que ama? ¿Qué espera para comenzar a disfrutar de este paréntesis comúnmente llamado “vida”?

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